2 de noviembre de 2010

San Simón... protector de los borrachos


Para la población que habita el altiplano guatemalteco San Simón, llamado también Maximon o Ry Laj Man (nombre maya), representa una figura extremamente controvertida: sinónimo de prosperidad y felicidad para algunos, pero brujería y paganismo para otros. 
En general la tradición lo identifica como el protector de los borrachos y por eso disfruta de una ilimitada devoción, sobre todo entre los desheredados. 
A los finales del siglo XIX, la imagen del “santo” era venerada por los jugadores que, en caso de victoria, ofrecían dinero, aguardiente o tabaco. 
En San Andrés Itzapa, la capilla donde está guardada la estatua de San Simón (representado por un viejo sentado, teniendo en la mano una botella de aguardiente) abre durante toda la noche del 28 de octubre, acogiendo centenares de devotos que llegan desde cualquier lugar de América Central, para hacer confidencias sobre sus propias esperanzas, pidiendo favores y dejando ofertas en dinero, flores y obviamente alcohólicos.
Los comerciantes, las prostitutas y hasta posibles narcos suspendieron esta semana en Guatemala, México y otros países de América Central sus actividades por un día para adorar a su santo protector, San Simón, a quien ruegan que les brinde amor, dinero y salud.

Desde distintos puntos de Guatemala y de otros países vecinos, son cientos los devotos abarrotaron el jueves pasado el recién estrenado templo de San Simón en el poblado de San Andrés Itzapa, 72 km al oeste de Ciudad de Guatemala, para rogar que se cumplan sus deseos.
Se realiza una procesión hacia la capilla, que es un complejo sincretismo latinoamericano, donde se encienden velas y se danza a ritmo de marimbas (que era la preferida por el santo), y mariachis. 
Ya en el templo, el olor de velas encendidas se une al del tabaco y otras hierbas. Cuando finalmente cada fiel alcanza el altar, ya borracho de toda la trayectoria, un chamán hace una limpia, bajo una lavada de puro alcohol. Y así la celebración continúa toda la noche, hasta el final. Sólo quedan los borrachos, de los cuales algunos pidieron dejar de serlo, aunque dicen que los favores se cumplen hasta el siguiente día.
La gente en sus casas rinde adoración a este “santo”, comprando su imagen y dejando todas las noches junto a éste un vaso de aguardiente, el cual amanece vacío, asegurando por la mayoría de creyentes que éste se bebe su trago todas las noches.
En fin, Dios sólo uno, y no puede haber otro, y la adoración a otros santos no es muy bien vista, pero la fe de la gente puede ser muy poderosa y así como este “santo” te concede favores, también puede hacer el mal convirtiéndose en el mismo demonio.

Fuente: El periódico de los colombianos / Autorneto