26 de mayo de 2011

NADA ES PARA SIEMPRE 4: Mudándote de mi




DIA TRES: Sábado

Necesito tu perdón.
Necesito verte hoy.

Teníamos tanto por delante que no hubo tiempo ni para la música.
El trabajo físico y el cansancio hicieron que fuera todo mecánico.
Estudiar la forma para que todo entrara ordenadamente y en pocos viajes.
Al ser sábado las cosas se volvían a complicar.
En Aduana no se trabaja, etc.
Pero otra vez Dios de nuestra parte.
Aunque nos cambiaron el personal de guardia pudimos llegar a un acuerdo entre los dos pasos para hacer la mudanza.
Todo era usado, no había nada de valor salvo el del recuerdo y la pertenencia familiar.
Se armaron varios viajes en dos movilidades.
Nuestros cuerpos no sentían nada.  Era mayor el cansancio y el querer terminar urgente con todo eso.
Mi amiga siguió buscando explicaciones, negando la ruptura.  Tratando de componer lo que no tenía compostura.
Al revivir este viaje en mi mente me di cuenta que ella estaba sola, se sentía sola, pero que toda la gente que tuvo al lado para poder terminar esta historia eran valiosas.
Personas extrañas para mí, pero con el correr de los días ya no lo fueron.
Personas que arriesgaron amistades o quedar mal con ciertos parientes por ayudar.
No les dije, pero mi amiga era la visitante en Uruguay, él era el local.
Incluso teníamos en contra a “las suegras”.  Sí leyeron bien: las suegras.
Pobre amiga!  No sólo tuvo a la madre de suegra sino a su hermana melliza.
Ja!  De terror!  Espero no toparme nunca con ese tipo de personas.  Y no llegar a ser de ese tipo de suegra…
Cada cual defiende lo suyo: su terreno, sus hijos, sus bienes, su dinero…
Aunque en cuanto a bienes y dinero… no les correspondía pedir parte…
Tema aparte que nunca se pudo arreglar porque daba para llevarlo a ser asunto policial y judicial y queríamos volver ese fin de semana no en un año.
En cuanto a terreno siguen siendo locales y por el hijo… volvió a casa seguramente sano y salvo sin dar cuenta ni mostrar la cara.
Qué lindo es el amor no?  Salvo cuando se termina.
Las separaciones son engorrosas, devastadoras.
Hubiese sido interesante un encuentro.  No terminar tan mal.
Esas heridas nunca cicatrizan.  Se siguen llevando dentro.  No se ven pero se sienten.
No hubo ni insultos, ni gritos, no hubo nada.
Mejor?  Peor?  No se…

Dime que será… qué será de los dos
Cuando pase la vida?

Esa hubiese sido la idea de reunirse.  De decirse algo.
Todos esperábamos eso.
Pero cada uno elige sus finales.
Cada casa es un mundo y cada pareja un poco de él.
Ella lo buscó por todos lados.  No quería irse sin verlo, sin hablarle.  Pero eso nunca se dio.
Y yo soy amiga de ella no de él.
Para eso fui, para en esos momentos volver a encauzar el camino a seguir.
Es mejor hablar de las personas que hicieron posible este final de viaje exitoso.
Sin nombres pero con rostros amigos con compromiso ayudaron en diferentes etapas.
Incluso en algunos momentos conteniendo tristezas.
Seguía lloviendo a veces a cántaros a veces finito.  Seguíamos húmedas con los mismos aromas en nuestras narices.

Pero la vida seguía y teníamos que trasladar todo, todo a Concordia.
En Salto nunca vimos el sol.  Salto lloraba, nos estaba despidiendo.

Mudamos las cosas por tandas, pero escuchando a cada momento lamentos, historias de las cosas, su origen, las vivencias.
Hubo lágrimas sí, varias.  Pero eran permitidas.  Era mejor soltarlas en ese momento y no retenerlas.
Odios, insultos, risas, sollozos, todo a flor de piel.
Fueron muchas horas de ordenar, embalar y mudar a Concordia.  Gracias a la ayuda de Juan e Iris en Salto pudimos realizarlo en menor tiempo.  Y la ayuda de Oscar y su familia no fue menor en Concordia.
Tengo anécdotas que seguramente quienes nos conocen las escucharán una y otra vez.  Fueron la parte simpática y por la cual alejé un poco de tristezas.
No da escribirlas esta vez.  Acompañada de mis gestos y caras son más nutridas e intensas.
Esa intensidad con la que compartimos esos días fue una experiencia irrepetible… y en verdad, ojalá nunca más me toque otra situación de este estilo.

Ni idea de cuántas veces pasamos los documentos,  dimos nuestros datos en las Aduanas.  Tenía mi cabeza en otra cosa: terminar todo ese día.
Mi espalda pedía socorro, pero se la aguantó hasta el final.
Es verdad que la mente ayuda ante el dolor.
Aprendimos que todo se puede.  Todo depende de nosotros mismos y de la gente que nos rodea.
La mudanza ya había finalizado.
Llevábamos tres días pero parecían muchos más los vividos.
Si el día anterior, sin contar el viaje, estábamos cansadas, ese día se potenció.
Incluso fuimos alojadas en otro lugar porque era tarde para hacerlo en donde el día anterior.
No dudaron en darnos sus camas nuestros nuevos anfitriones.  Admirable.
Entre charlas, picada, brindis y postres varias mujeres recuperamos la risa.
Le buscamos la parte alegre a todas las experiencias actuales e históricas.
Y pude fumar un puro, regalo sorpresa de mi amiga.
Tuvimos buenos sueños… al otro día volvíamos a Mendoza.

Claudia Corin para Baca´s club