“Metidos en el laberinto, lo mismo da blanco que tinto” fue la actividad de Fenavin que cerró el programa de actividades de esta Feria Nacional del Vino 2011, poniendo sobre la mesa el secular enfrentamiento hombre-mujer, esta vez en torno al tema del vino. En la primera mesa redonda, coordinada por la periodista Marta Robles, participaron las escritoras Nativel Preciado, Irene Lozano, Marta Rivera de la Cruz y Espido Freire, que protagonizaron momentos de gran brillantez que sorprendieron y entusiasmaron al público.
Para entrar en harina, Marta Robles comenzó comentando como “hasta hace poco sólo las mujeres malas bebían vino”, quizá una frase tan injusta hoy en día como la del director de cine Huston: “No confiéis en un hombre que no bebe”, y que ella puso como ejemplo de las miles de citas irrespetuosas con las mujeres que beben, existentes en la historia, y que a lo largo de los siglos “no han parado de echarle fuego al fuego”.
Marta Robles: Hay vinos buenos y malos, y no vinos para mujeres o para hombres
Marta Robles que bebe el vino con hielo, y como le da la gana, según propia confesión, afirmó como los hombres se fijan más en las etiquetas del vino, mientras que las mujeres prefieren saborearlo, y cómo “nosotras encontramos todos los matices al vino aunque no seamos expertas catadoras”, para acabar afirmando: “Hay vinos buenos y malos, y no vinos para mujeres o para hombres”.
La nota más humorística de la tarde la puso Nativel Preciado, tras la intervención de Irene Lozano, la cual dejó con la boca abierta al respetable con su maravillosa historia sobre el origen y evolución de las bacanales.
Nativel Preciado: Fui adolescente con calcetines que bebía vino como transgresión
Nativel Preciado narró sus orígenes en el mundo del vino, de adolescente con calcetines que bebía chatos para transgredir, hasta que se convirtió en una joven de su tiempo, y por tanto tomó otras bebidas más fuertes, como cubatas y cava. Y ahora disfruta en su madurez de los vinos tranquilos.
“Formo parte de todas las estadísticas al uso, bebo vino blanco e intento pasarme al tinto porque es bueno para el corazón; tomo vino en los momentos valle y en las cumbres, cuando escribo y cuando acabo de escribir, y en una novela mía cito hasta 100 veces la palabra vino”, dijo.
Es cierto que hace años se bebía más vino en España, pero, para ella, “antes no se valoraba tanto como ahora porque era de peor calidad”, de repente “se empezó a valorar de forma inteligente como un ritual, y se hicieron vinos con más calidad, en los que se valora más el esfuerzo y la estética que rodea a cada botella”, añadía esta amante de los verdejos recién llegada de recorrer La Rioja, y quien en la mesa redonda dejó claro como “las mujeres llegamos al vino de forma más espontanea, con menos bajos instintos que los hombres, pues ellos consumen para sentirse más machos, y nosotros por puro placer”, dijo provocando la carcajada general.
La bloguera Irene Lozano sorprendió al público, y a sus compañeras en el “simposio” (“que significa beber juntos y sería más apropiado que mesa redonda hoy”, dijo) de Fenavin, porque les fue introduciendo de forma suave en la historia de las bacanales, poco a poco desde sus orígenes cuando Zeus camufló a su hijo como Dionisos para protegerlo, y lo dejó al cuidado de ninfas, sátiras y musas, en “un ambiente muy femenino que antes sería calificado de afeminado y hoy de cosmopolita y metrosexual”, dijo esta periodista.
Después continuó la historia, en el imperio romano, cuando Dionisos se convirtió en Baco dando nombre a las bacanales, que en principio sólo eran encuentros de mujeres para reír y beber, hasta que tanta alegría asustó al poder, y se acabaron reprimiendo las mismas.
