Ahora tengo 114 años, pero ya estoy esperando cumplir los 115 en unas semanas. Antes que nada quiero aclarar que nunca fue una obsesión personal recibir el título de la mujer más longeva del mundo (concedido por el World Guinness Record).
Nací en la pequeña Carangola, una ciudad de Brasil, un 8 de julio de 1896. Desde entonces he sido una persona con buen sentido del humor. Tal vez por eso todos me quieren por aquí. Me llaman Doña Quita y me tratan muy bien. Tengo un hijo, cuatro nietos, siete bisnietos y cinco tataranietos. A mis 114 años soy muy feliz.
¿Cómo llegué a esta edad? Creo que mi dieta también me ayuda mucho. Todos los días desayuno un pan entero acompañado de un café. No puede faltar una fruta y un vaso de leche con linaza. Me gusta beber Coca-Cola, y, al menos una vez al mes me doy gusto tomando una copa de vino. Me encanta echarme siempre una siesta después del almuerzo. La comida debe tener un poco de picante y antes de la cena siempre como algún bocadillo. Por ejemplo, me fascinan las empanadas de pollo.
Les puedo decir que cuando era joven me gustaba mucho bailar. Me encantaba sobre todo gozar del «forró», que es un ritmo brasileño bien conocido. Recuerdo que a mi marido no le gustaba. Pero para mí no era un problema, él se quedaba cuidando a nuestro hijo mientras yo ensillaba el caballo y me iba de fiesta.
Tal vez esa es una de las cosas que lamento, porque ya no puedo hacerlo como antes. Sin embargo, me alegro de que, a mi edad, no necesite ayuda para comer y hacer la mayoría de las cosas. Hasta hace cuatro años era capaz de ir al banco y a la panadería de manera normal. Ahora he decidido ya no hacerlo, pero no porque me considere una anciana que no puede valerse por sí misma, sino porque soy consciente de que en la calle podría correr algún peligro. Nunca me ha gustado que la gente pierda el tiempo reclamándole a la vida por las cosas que pasan. Yo sigo y no paro. Sigo con mis manos fuertes, las cuales me permiten comer por mí misma. Soy de una familia que vive mucho; mi padre, por ejemplo, falleció a los 100 años. Me encanta estar aquí y sólo por eso espero seguir viviendo algunos años más. Claro, si Dios me lo permite.
Fuente: MAHOMED SAIGG
CARANGOLA (BRASIL)
