Podrán decirnos que algunas/os no podemos reconocer un varietal, o describir los descriptores exactamente... y tantas otras cosas... pero no podrán decir que no tenemos cultura general del vino.
En esto seguimos creciendo.
El vocabulario en las degustaciones se va incorporando, pero cuando estos son lejanos a nuestros encuentros diarios se complica.
Es un honor compartir con ustedes cada nota que encuentro, busco o llega a mis manos por alguien del grupo. A todo esto la idea es que compartan material para así ir ampliando nuestra sabiduría vitivinícola.
Cada uno sabrá de qué forma recordar cada cosa que vayamos subiendo. Sólo nosotros conocemos de qué forma relacionar lo que vamos incorporando.
En mi caso tengo memoria visual. Se fecha, lugar, hora y todo lo relacionado a lo que hago sólo con hacer memoria de lo que vi.
Bueno, pero mi memoria no es el tema de este post sino conocer el tema de los "Wine coolers".
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La legislación española define el "refresco de vino" o "wine coolers", como la bebida derivada del vino, compuesta de blanco, rosado o tinto con una proporción mínima del 30% del volumen, agua natural o carbónica, y extractos o esencias naturales de frutos, con adición o no de azúcares, pudiendo contener partículas de pulpa o corteza de frutos.
Su graduación alcohólica debe estar entre 3 y 7%.
Por su contenido en azúcar se denominan secos: con menos de 5 g/l de azúcar residual; semisecos, entre 5 y 30; semidulces, entre 30 y 50, y dulces, entre 50 y 90 gr/l de azúcar.
Por el año 1982, apareció en California el primer "wine cooler" como la nueva bebida refrescante, intentado plantear una alternativa a los consumidores habituales de sangría o cerveza.
Aunque puede plantearse como una nueva bebida, en definitiva es una sangría, con algo más de gas carbónico que el habitual, reorganizada por los americanos y arropada por su estilo publicitario y comercial.
El hecho de no tener restricciones publicitarias, al no ser considerada como bebida alcohólica y sumando a ello su consumidor final, siendo el 70 % con edad inferior a los 35 años y habituales de cerveza y no de vino, obtuvo un gran éxito inicial.
Desde Estados Unidos, esta bebida no tardó en popularizarse en países como Japón, Australia, Brasil o Inglaterra.
En España, al parecer, no ha podido competir con la sangría clásica. A pesar de todo, la realidad de su mercado indica un continuo descenso de consumo, a favor de la cerveza. Debido en parte al elevado costo final del producto, motivado mayoritariamente por el embalaje.
Las fases en su proceso de elaboración son las siguientes:
a) Disolución de vinos, zumos y agua. La mezcla suele hacerse en depósitos de acero inoxidable con sistemas de control de temperatura y agitadores para homogeneizar.
b) Dosificación de los ingredientes: extractos de frutas, esencias naturales, especias como la canela...
c) Adición del azúcar en función del contenido final que deseemos para el refresco.
d) Filtración del producto a través de placas, con el fin de obtener un líquido limpio y brillante, sin impurezas.
e) Pasteurización y enfriamiento. Calentando la mezcla a 85ºC durante 30 segundos, se destruyen los microorganismos patógenos, consiguiendo buena garantía en un largo período de conservación.
f) Carbonatación y envasado. Si se añade agua carbonatada en la mezcla inicial, resulta una operación opcional. En general, los elaboradores, utilizan agua potable y saturan el producto de gas carbónico antes del embotellado.
El envasado final puede encontrarse en botellines de 33 c.c., 1 litro, 1,5 lts, hasta 50 litros. Para su conservación no necesitan refrigeración, pero se recomienda una temperatura de consumo de 4 a 8 ºC.
Hay quien los consume solos, quien los prefiere con hielo y quien los utiliza para rebajar vinos poco elegantes.
Fuente: eldia.es (Agustín Farrais, Enólogo)




















